En un contraataque selló el empate Estudiantes. Cuando el partido se acababa. Casi en la última bola. Tomó el balón Leandro González, el mismo que había reemplazado sin éxito a Sebastián Verón. En ningún momento había sido el conductor de un equipo, el León, que, sin embargo, no merecía perder. Tomó el balón, a los 46 minutos. En realidad, tomó la galera y sacó un conejo, mágico, especial, lleno de vida. Un zapatazo alto, violento, un puñal en el corazón del maltrecho Boca, que...