El Westin Hotel estaba sitiado con vallas y policías como si se tratara de una visita presidencial. El tránsito se abrió como cuando una lancha divide el curso de las aguas. Entre la riguroso custodia, se asomó un ómnibus con dirigentes de la FIFA. No se lo divisó a Julio Humberto Grondona. ¿Qué pasó? Nada grave. Unos minutos después, Don Julio se dejó ver apenas en el lobby, y evitó con un “no sé” enigmático responder sobre la presencia de Carlos Bilardo en el sorteo que...